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Ida Vitale en «Juzbado libro abierto»


La Premio Cervantes 2019 recita poemas en un pequeño pueblo salmantino

En el
Principio fue la Poesía

(El Verbo)

Juzbado es una pequeña localidad situada en la parte noroccidental de la provincia de Salamanca. En el año 2018 pasaron lista con el resultado de 100 varones y 91 varonas, que se diría en la jerga inclusive. ( Evito a propósito el «inclusivo» por dos razones. Primera: Es uno de esos términos capturado por la política en sus esporádicas, torpes y malintencionadas incursiones en el diccionario para acuñar un dogma que se impone, en este caso, como adjetivo con rango de ley. Carece de equivalente, de ahí la ambivalencia, y adquiere una necesidad tal de reiterarse en bucle, a diario, tantas veces elevado a la «n» de narices, que termina irritando(me) más que una rozadura del zapato. Prefiero el inclusive por lo que tiene para mí de memento humánida y por feminismo. Cuando ya nos habíamos puesto todes de acuerdo (a falta de Arturo Pérez-Reverte) en adoptar la -e como desinencia de género indistinto, a cuento de qué elegir para un concepto redentor el género masculino: inclusivo, jódete. A mí, estas incongruencias me hacen prevaricar).

Juzbado es un pueblo pequeño, pero de quilates. Tiene varios premios que no he llegado a investigar, porque les creo. Van desde un María Moliner, la del diccionario, a esa otra cosa horrísona que tanto podría significar resiliencia de sujetador como cualidad de paso de Semana Santa llevado a hombros, pero que no es ni lo uno, ni lo otro, sino cualquier otra mandanga, y que llaman: sostenibilidad. Juzbado ama el medio ambiente y la naturaleza entera que lo rodea. Tiene un insólito museo dedicado a una falla tectónica, organiza jornadas de botánica y las niñas, antes que los niños, fabrican casitas para los insectos sostenibles e inclusivas. Se ha detectado cierta animadversión, algo así como un racismo larvado, entre la abeja común y la avispa asiática para lo cual las autoridades locales to implement un programa de concienciación con mesas redondas, reparto de folletos informativos y una performance en la plaza de la Constitución donde todos los vecinos que puedan agacharse y levantarse solos se harán el muerto desnudos imitando el zumbido de ambos animales en señal de protesta ante la pasividad de las administraciones.


Poema «Misterios» (Abrir en otra pestaña. Fotos: A Desmano)
Poema «Reunión» (Abrir en otra pestaña)

La feliz idea de llevar poetas laureados al pueblo

Un día del año 2007-2008 la corporación local tuvo una idea: Juzbado libro abierto, promocionar la lectura y promocionar el pueblo. Hacía falta precisar: que la lectura fuera de poemas y que al pueblo lo representara su paisaje, ¿pues no han sido y son poesía y naturaleza expresión una de la otra? ¿Quién no se ha sentido poeta alguna vez ante el final fílmico de un crepúsculo o ante el cariz que toman los acontecimientos en una arboleda otoñal? Partiendo de la idea de que todos somos poetas – ahí están los cuadernos escolares y las grafías lascivas en el aseo – y de que los vecinos de Juzbado son de campo, pero pocos a la hora de dar con la rima, el pleno del Ayuntamiento se enfrentó a un reto singular: traer los poetas de fuera; no cualquiera, sólo los laureados, los veteranos, los de estro prolífico y musa envejecida, cualquiera de aquellos que haya podido haber visto un libro suyo en manos extrañas. El caserío de Juzbado no es muy grande, las calles angostas son mayoría. Bastaría con que arrastrara cada uno una docena de seguidores con sus parejas; siempre se sumaría algún admirador insospechado, alguna alma gemela femenil fertilizada a distancia por las letras A,T,C y G de un poema seminal. Un poeta seguido de cuatro o cinco coches sería suficiente, en principio.

Empezó Antonio Colinas (Premio Nacional de Literatura 1982, Premio Castilla y León de las Letras 1998 y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2016). Siguieron, por orden cronológico – no voy a nombrar todos -, Félix Grande (Premio Adonais de Poesía 1963, Premio Nacional de Poesía 1978 y Premio Nacional de las Letras Españolas, entre otros
muchos; Francisco Brines (Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2010, Premio Nacional de las Letras Españolas 1999 y Premio Nacional de Literatura 1987); Antonio Gamoneda (Premio Europeo de Literatura 2004 , Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y Premio Cervantes 2006); Pablo García Baena (Premio Reina Sofía de Poesía iberoamericana 2008, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1984); María Victoria Atencia (XXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, 2014) y Chantal Maillard (Premio Nacional de Poesía 2004 y Premio Nacional de la Crítica 2007). Todos cuentan con placas de bronce repartidas por las calles de Juzbado sobre las que han sido grabados sus poemas más selectos.

Ida Vitale se mostró extraordinariamente vital. Habló, recitó, bromeó y paseó junto a más de doscientas personas, muchas de ellas niños, como la de la imagen.
Fotos: A Desmano

Más espectadores que habitantes

Este año 2018 a punto estuvieron de fletar autobuses para asistir a la lectura de poemas de Ida Vitale, proclamada Premio Cervantes de las Letras Hispánicas 2019 cuatro días antes (23 de abril). Tras una cálida presentación y saludo en la plaza del pueblo a cargo de su alcalde, Fernando Rubio, y de la propia poeta, ellos, junto a todo el público circunstante, iniciaron un recorrido en tres etapas (Ida Vitale descubrió tres láminas de bronce a ella consagradas y leyó los poemas que se habían inscrito en las mismas) que finalizaría a las puertas del salón de actos del Ayuntamiento. En su interior estaba previsto que Ida Vitale ofreciera un recital aunque, finalmente, el acto se celebró afuera por falta de aforo.

Leía esta mañana en un periódico de ámbito nacional una entrevista realizada al reciente Premio Princesa de Asturias de las Artes, Peter Brook (El Mundo, Luis Alemany). (Nunca había escrito nada con tanto galardón repartido entre las líneas). Decía algo que me va ahorrar trabajo, porque sirve para resumir el espíritu en el que estuvimos envueltos todos los que recibimos y acompañamos a Ida Vitale por las calles de Juzbado hasta desembocar en el mirador de la Peña del Castillo. La pregunta del entrevistador era esta: ¿Y qué cosas le emocionan a estas alturas de 2019?, a lo que el célebre director de escena respondió:

Me emociona ser consciente de cada momento.(…) Mire, me acuerdo de nuevo de Dalí, de la época en la que trataba con él. Me acuerdo que un día nos enseñó un lienzo que acababa de pintar, un retrato precioso de un niño. Pero por muy precioso que fuera el cuadro, lo importante no era el cuadro, lo importante era la emoción de descubrir aquel cuadro. Lo importante era el momento irrepetible.

El espíritu de la primavera encarnado en una poeta de 95 años

Lo de menos el otro día en Juzbado y lo de menos aquí, por ser este artículo su correlato, es ponderar el prestigio de estos premios institucionales que hacen de ordinario más política que justicia. Como no postulamos un candidato y sabemos que a nosotros no nos lo van a dar, este año fuimos a confundirnos con la inmensa mayoría. A la inmensa mayoría le importa sobre todo no quedar mal, que no premiemos a un gárrulo conocido por tres y denostado por cuatro. A la inmensa mayoría le gusta habilitar héroes, por otra parte, espejos de esquizofrenia en los que mirarse y hacerse un selfi para Instagram.

Lo de la otra tarde en Juzbado traía bendición. Tras varios días de lluvia y relente primaveral, había vuelto a lucirnos la buena estrella. La atmósfera venía de lavarse la cara en el río Tormes, los árboles y las plantas vestían lentejuelas por el haz y traje de noche por el envés. ¡Y cuántos niños había! ¡Y contentos! ¡Y qué bien se portaron, mejor que en clase! Les habían puesto en antecedentes. Iban a recibir a una abuelita asombrosa de 95 años que había viajado a España desde un lejano país para recibir un premio de manos del rey y recitar poesías en un pequeño pueblo de Salamanca que no quiere que le recuerden nada más que por la energía nuclear. «En el año 2019 los niños españoles tenían abuelos que contaban batallitas de cuando rulaban incrustados en una banda de rock, y abuelas que les leían poemas de Gloria Fuertes y de Ida Vitale.»

La escritora uruguaya lee el primer poema de los tres que han quedado grabados en distintos puntos de la localidad salmantina (Fuente: A Desmano)
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