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Arqueología postindustrial

Bilbao prosigue en el afán por tapar sus raíces fabriles entregado al escaparatismo y a barnizar descampados

He visto auténticas Capillas Sixtinas en las montañas de grava derramadas sobre los muelles como vino sobrante de una bacanal, así como en las gradas del astillero que tuvo trainera, donde las sonrisas sardónicas de las astillas sorprenden al caminante. Y he visto Giocondas a espray sobre desgarradores mensajes de subida de sueldo. El arte, el arte fresco, el arte al detalle, bulle en los puestos del mercado y toma el sol en los vertederos; se derrite tras los cristales empañados de un utilitario aparcado en la madrugada o se la juega esquivando vagones y vigilantes. La calle, la mugrienta y abigarrada calle donde derrapan sus anomalías todos esos pajarillos desenjaulados por el aguardiente, o por un gol en el minuto noventa, o por la última entrega tumefacta de Sálvame, es el mejor laboratorio para encuadrar energías. Qué suerte habitar una ciudad que ha pasado en apenas un suspiro del coque y los cielos metalúrgicos al mojito y el corrector bucal.

Urinarios zombi.

Oscurece en la parte antigua. Callejas adoquinadas con escamas de serpiente y cabelleras de orina. Tulipas de ropa colgada y bocanadas de todas las frituras registrándote, sin picores, a la manera de un buen carterista.

Casa de hollín.

La psoriasis de Diógenes

Las niñas de Primera Comunión siempre llegaban a la iglesia con el traje de Cenicienta y al comulgar enseñaban la lengua negra que en Neguri distinguía a los chow chow con pedigrí. La psoriasis de una placa de latón gotea un oficio desaparecido; un geranio de plástico, de tan maldito marchito, pinza y ondea un calcetín caído desde lo alto; cuatro barrotes apenas sostenidos por el óxido defienden otros tantos tragaluces de los gatos tuertos; en los sótanos fermentan trastos y tesoros de ancianos que heredaron lo que Diógenes nunca quiso; líquenes de chicle y flema escaquean las baldosas que las izas de Cela [1] roturan a tacón, cada una en su minifundio de acera. ¡Ay, qué cutres Circes guiñando un ojo!

Grafiti con escombros negros
Ventana a los sacos

¡Oh, fachada de tipos raros que ponen zapatillas a soñar en la ventana! ¡Oh, esos otros que en su estrechez implantan balones gástricos a sus mascotas! ¡Oh, quienes ociosamente quitan el polvo con un alfiler como tenderos en epidemia de gripe! 

Fotos: Juan Antonio Díaz Iraeta. Textos: J.A. Díaz Iraeta y Jesús Mª Ventosa

[1] Izas, rabizas y colipoterras, Camilo José Cela, Ed. Lumen, Madrid, 1964.



Arqueología postindustrial by Juan Antonio Díaz Iraeta (Fotos) y J.A.Díaz Iraeta y Jesús Mª Ventosa (Textos) is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en adesmano.media.

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