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Violencia de género: Lo que no se dice y se debiera decir (2)

Denuncias y sentencias durante 2018

El Consejo General del Poder Judicial, a través del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, viene publicando desde el año 2004 informes trimestrales con datos y estadísticas a propósito de denuncias, tipos de delitos, sentencias, distribución geográfica, etc., recogidos en los Juzgados de Violencia contra la mujer, Juzgados de Guardia, Juzgados de lo Penal, Audiencias Provinciales y Tribunales de Menores. No los he repasado todos. Digamos que los más recientes se cierran con un epílogo titulado «Resumen Tendencias». Podría haberse escrito correctamente «Resumen de tendencias», espacio había para ello, toda una página en blanco, pero como las incorrecciones gramaticales en Derecho no van a ninguna parte, se han dejado llevar por la jerga comercial, que suprime de la oración todo aquello que pueda frenar el mensaje de compra/venta. En los informes del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género escriben «Resumen Tendencias» como en la pizarra del bar de la esquina escriben «Bocadillo Calamares», una modalidad del lenguaje vulgar esta que, según parece, quiere transmitir rapidez e inmediatez en el servicio.

Entre los homicidas, víctimas mortales y denunciantes de maltrato contra la mujer, el porcentaje de extranjeros oscila entre el 30% y el 36%. Estos datos deberían redimir a los españoles de la imagen predominantemente machista que la alarma del feminismo les atribuye. (Gráfico: A desmano)

El capítulo «Resumen Tendencias» rápido sí que es, por lo conciso, breve y parcial. Se limita a mostrar comparativas con el año precedente del número de renuncias sobre el total de denuncias, órdenes de protección y medidas de seguridad y protección solicitadas (que no concedidas), y sentido y evolución de las sentencias condenatorias. Este es el resumen del que han tirado durante años los informativos de radio y televisión, amén de la prensa escrita. Entiendo la pereza de los redactores, siempre apremiados por las prisas, enfrentados a la dicotomía de o perderse entre conceptos jurídicos, variables, cifras y porcentajes, o aceptar el resumencito que tan gentilmente les proporciona el Observatorio. Creo entender, también, porqué los medios (que no son entes abstractos, ni entelequias; tienen responsables) han favorecido la desinformación de un hecho noticioso al que, por otra parte, mantienen en perpetua actualidad. Esta paradoja informativa responde, no me cabe la menor duda, a una clara directriz de política editorial, tan asombrosa como que es compartida por los grandes grupos de comunicación a diestra y a siniestra. La estrategia del feminismo, basada en la transversalidad de género, ha inficionado todos los ámbitos del poder excepto uno: los consejos de administración de las grandes empresas y bancos nacionales y multinacionales. Cuando sus señoras señorías insisten tanto con ese artefacto ideológico llamado «brecha salarial», subrepticiamente, están señalando los sillones de los consejeros delegados, las ansiadas poltronas forradas con badana de borrego y asiento billetera de los inmarcesibles «CEOS» («Chief executive order»), título de mandamás que, para colmo extático, entronca con la heráldica inglesa.

Gráfico: A desmano.

Elijamos uno cualquiera de los boletines radiofónicos que en tres o cinco minutos encadenan noticias de España y del extranjero a velocidad de teletipo, y ante los cuales no cabe más que una de dos: o la escucha taquigráfica, si se quiere tomar nota de todo a expensas de la interpretación crítica; o la escucha selectiva, si se prefiere considerar del todo una parte obviando el resto. Esta es la más habitual. Apercibidos los entes de que el público de la radiofonía sólo retiene un 20% de lo que escucha, multiplican los boletines que multiplican, a su vez, las mismos titulares veinte veces. No es una exageración: Radio 5 Todo noticias, de Radio Nacional de España, emite 96 partes al día. Un oyente que sintonice este canal durante, digamos, dos horas será perforado por ocho espacios informativos de actualidad dale que dale con la misma cantinela.

Violencia de género, género informativo

Pero bastarán quince minutos. Qué no podrá asimilar un ciudadano despierto quince minutos onlain. Política nacional, internacional, sucesos, feminismo, deportes y el Tiempo. A la información sobre «violencia de género«, donde no se hace hueco, se le cede el asiento. Podría decirse que ha traspasado los límites del espacio o la sección periodísticos para convertirse, sin miedo a la redundancia, en un género por sí – subgénero, mejor -; subgénero del «reality», de la telenovela, del cine, de la fotografía o de la literatura. Los reportes más recientes provienen del informe del cuarto trimestre y del recopilatorio anual de 2018 emitido por el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, que nos dicen: «Durante el año pasado se registraron 166.961 denuncias por violencia de género en España, un 0,4% más que en 2017. En ese mismo período, se solicitaron 39.176 órdenes de protección para las víctimas, un 1,75% más que el año anterior. Por lo que se refiere a las condenas, aumentaron un 3%, siendo su tasa del 70,5%.» La relación quedará incompleta sino se añade que, aun siendo muchas – las víctimas, las órdenes de protección, las condenas – y aun habiendo aumentado significativamente respecto a los años anteriores, fuentes del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad afirman que sólo se denuncia un 30% de los casos de maltrato contra la mujer, y que el teléfono de atención a las víctimas es el tal, que no deja huella en el recibo, pero que conviene borrar el número de la lista de últimas llamadas.

Las órdenes de protección representan un indicativo de la gravedad que a priori se atribuye a las demandas por violencia doméstica y de género. Las adoptadas a lo largo de 2018 han amparado a sólo un 19,9% de las demandantes. (Gráfico: A desmano).

Demandante igual a víctima, demandado igual a culpable

Qué vas a decir, honestamente: que que horror. «¡Esto es una tragedia! ¡Hay que acabar con esta lacra! ¡Hay que hacer algo!» Evidentemente, hay que hacer algo, y algo distinto de lo que se ha hecho hasta ahora. Algo, cuya primera recomendación sea posponer la perspectiva de género para después someter a discusión la información disponible y estudiar todos los factores que concurren en estas formas de violencia, de manera conjunta, sin apriorismos como el considerar a todas las demandantes víctimas y a todos los demandados culpables, y que si son sólo el 30% de los existentes, luego que el 70% restante debe de estar agazapado por ahí, maltratando en la clandestinidad, pasando inadvertido, haciéndose la buena persona en el trabajo o en el bar donde echa la partida. ¡Mujeres, alerta!, cualquiera de nosotros podría ser uno de ellos.

Yo les invito a consultar los registros de datos autorizados. Y permítanme la sugerencia de que, en vez de sumar a favor de lo grave, resten en contra de la versión oficial y se pregunten qué es lo que está pasando ahí realmente. Pregúntense si a través de la alarma social no se estará engordando el problema de manera premeditada.

Las sentencias condenatorias han supuesto el 18,4% del total de las demandas admitidas a trámite. (Gráfico: A desmano).


Las denuncias no equivalen a denunciantes, son un 5% superiores

Vamos a hacer cuentas. Las 166.961 denuncias por violencia doméstica y de género, corresponden a 158.590 denunciantes. Sólo con esta pequeña distinción, hemos reducido la cifra en más de ocho mil unidades. Restemos, ahora, las renuncias: 19.919; llevamos veintiocho mil menos. Los tribunales procesan las restantes y deciden sobreseer 62.461. Esta cantidad supone un 38% de los casos que se están sustanciando, los incoados en 2018 y los arrastrados de 2017; según cifras del Observatorio: 163.308 (las demandas del año se nos habían quedado en 138.671). Sigamos entonces con este nuevo total, ya que no nos queda otro remedio. Por elevación a juzgados de lo penal y a audiencias provinciales perdemos 30.900 casos, otro 18,86% menos. Y, por la puerta del apartado «Otros» se nos van 55.553, el 15% del total de los cursados. Según nos cuentan, en el cajón de «Otros» se incluyen las acumulaciones a otros procedimientos del mismo juzgado y las inhibiciones por competencia. No se informa del número total de casos pendientes que pasan al siguiente ejercicio. La suma de sobreseídos, elevados, acumulados e inhibiciones arroja la cantidad de 117.941 casos, el 72% del total.

El número total de mujeres supuestamente víctimas de violencia doméstica y de género se reduce un 12,5% debido a las renuncias, un 38% por sobreseimiento y, al menos, un 11% más por sentencias absolutorias, recursos estimados contra condenas y acumulaciones.


Nos quedan 45.367 (28%) de aquella cifra de casos enjuiciados aumentada a 163.308. No me extraña que el Observatorio ponga tanto énfasis en comunicar las sentencias condenatorias y que, mientras las dice, propine puntapiés bajo la alfombra a toda esa «morralla» del 72% que acabamos de referir. Pues sí, Ángeles, querida, (Ángeles Carmona, directora del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género), las condenas han sido 30.285, el 18,40% de las demandas, y han subido un 0,4% respecto al año anterior; 15.509 acusados, más que encausados, fueron absueltos (9,46%). Claro está que usted prefiere considerar sólo las sentencias en firme (Si se añadieran los resultados de los recursos interpuestos contra sentencias condenatorias, el porcentaje de las absoluciones subiría uno o dos puntos). Suena mucho más contundente: «El sentido de las sentencias ha sido condenatorio en el 66% de los casos». A ver, visto así… Por último, consideren que de esos dos exigüos totales, alrededor de un treinta por ciento corresponde a ciudadanos extranjeros. A este paso, nos vamos a quedar sin machistas autóctonos.


Gráfico: A desmano

Las falacias de Vox

En la primera parte de este extenso artículo ( Violencia de género: Lo que no se dice y se debiera decir) comentaba el efecto revulsivo que tuvo para la prensa «oficialfeminista» la irrupción de Vox en el parlamento andaluz tras las elecciones de diciembre de 2018. A los rotativos les entraron las prisas y comenzaron a sacudir el polvo de los informes sobre violencia de género que guardaban en los cajones, no tanto para contar lo que con premeditada astucia e irresponsabilidad habían callado, como para rebatir las falacias que el partido ultraderechista estaba propalando en contra de las verdades feministas establecidas. Sirva de ejemplo la información publicada en El Mundo bajo el título Los datos sobre violencia machista que rebaten a Vox, (28 de enero de 2019). Dos autores (Rafael J. Álvarez y Olga R. Sanmartín) y un concienzudo trabajo de interpretación estadística de datos sobre violencia doméstica y de género (Resumen de 2017 y tercer trimestre de 2018, concretamente) en el que no falta la línea directa con la directora del Observatorio, Ángeles Carmona, con el único objeto de dejar en evidencia los calculados desatinos vertidos en declaraciones públicas por dirigentes de Vox.

Es fácil, con los datos en la mano, rebatir afirmaciones como:  «Las denuncias falsas están afectando a millones de españoles» . «Se archiva un 80% de las denuncias» (Santiago Abascal) o «No se pueden destinar ayudas a 100 maltratadas cuando sólo tres son reales» (Francisco Serrano). Pero, también es fácil, visto lo visto, dejarse llevar por el exceso de celo y, en un mismo acto, desmontar las mentiras de Vox y darles indirectamente la razón, porque los autores del artículo parecen no darse cuenta de que, si bien lo de las denuncias falsas es una trola como un piano, el 43% de sobreseimientos ciertos, más el 11% de las renuncias ciertas, hacen un 54% que no habla bien de la supuesta gravedad del fenómeno, ni de la honestidad de quienes lo proclaman y esto, sin entrar a sumar los porcentajes de absoluciones, los casos que se acumulan a otros, lo que pueda ocurrir con los que se elevan o se inhiben y el hecho persistente y repetido de que más de un treinta por ciento de víctimas y agresores sean de nacionalidad extranjera.

Vox miente mucho, de ello está haciendo alardes, pero gracias a la entrada a caballo de Abascal, hemos empezado a mirar con lupa la información que no nos llegaba sobre la violencia doméstica y de género en España. Los trece escaños de Vox en Andalucía son en buena parte producto del error y de la deshonestidad de la estrategia feminista. El feminismo necesitaba (y aún necesita, no le veo muy escarmentado) más maltratadores, más denuncias, más alarma. No se sentía cómodo en una de las naciones con las tasas de criminalidad sobre la mujer más bajas del mundo. Necesitaba enemigos para justificar su furia, su victimismo, su ansia de rapiña. Los necesitaba, los encargó y aquí los tiene. Gracias a ellas y gracias a Vox. ¿Ven lo que les decía en el manifiesto fundacional de esta revista a propósito de la conciliación y de no enfrentar y dividir a los españoles? En este país, el que no sirve para remendar un roto, sirve para puntear un descosido.

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