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La edad del loro

Empecemos a innovar, para imitar ya están los chinos

Me había sentado a escribir sobre las reiteraciones lexicales en el lenguaje oral de mis conciudadanos, modismos, neologismos y extranjerismos. Quise templarme los nervios con algo igualmente repetitivo, sólo que al tratarse de música, aparte de incorporar una intención estética, la escucha es opcional: o la enciendes, o la apagas o le das al pause para contestar al teléfono. Elegí muy a propósito la obra Vexations de Eric Satie.

Vexations, Eric Satie

A los veinte minutos, estaba dormido. Desperté una hora y cinco minutos más tarde. El pianista seguía interpretando invariablemente la misma secuencia musical, arrancando las hojas de la partitura – esto sí que era bueno, con una sola plana le habría sobrado – y arrojándolas al suelo. Dirán que por qué no le asistía un ayudante, como suele ocurrir en los conciertos de fuste. No lo sé. Sospecho que lo habría tenido que pagar el propio pianista. El auditorio estaba vacío. Vi que asomaba la cabeza una chica oriental con una cámara de fotos; poco después, un camarógrafo se adelantó hasta la tarima, asentó el trípode y grabó una toma de veintiún segundos, el tiempo que duraba en ese preciso momento la secuencia musical. ¿Cuántos veintiún segundos caben en nueve horas y cuarenta y un minutos? Hagan la cuenta, pues esa fue la duración de la obra en interpretación de Nicolas Horvath.


Según he leído, hay versiones que se alargan tanto que la gente llama a sus casas para que no les esperen. La partitura da libertad al intérprete en el manejo del tiempo y, por lo mismo, el espectador es muy dueño de dormirse antes del minuto veinte, si así le place. ¡Satie, qué grande eres! Los minimalistas americanos le nombraron su santo patrón.

El rosario y las letanías

La fenomenología de la repetición, a la que yo sólo me he asomado cautamente, debe distinguir tipos y factores que determinan el que un hecho repetitivo calme o irrite. Las letanías budistas, el rosario católico y las vueltas de los derviches sufíes, por ejemplo, atontan la consciencia, disuelven lo grávido que nos apelmaza y aventan la verborrea mental buscando la levedad de un alma ventilada. Hace falta estar por ello y entrenarse, y también estar en edad. Las reuniones de mujeres en torno a una mesa camilla y en penumbra rezando el rosario me producían escalofríos. No obstante, cierta vez vencí esa impresión. Mis tías habían olvidado darme la merienda y para hacerme notar guardando la debida discreción me escondí bajo las faldas. El grupo coral respondía a las superlativas cualidades marianas («Madre purísima» «Madre castísima»…) «ruega por nosotros». A mí no se me ocurrió otro papel que el de imitar el gorjeo de un pajarillo entre los barrotes de piernas.

Los niños somos muy repetitivos. Cómo nos gusta que nos cuenten el mismo cuento una y otra vez, noche tras noche; y repetir la misma gracia hasta dejar afónicas las carcajadas, destrozar el juguete a la enésima ronda, caer rendidos de dar vueltas, acabar llorando de reír tanto. Esto mismo, a los mayores les fatiga los nervios. Enseguida nos quieren acostar para irse enseguida ellos mismos a la cama agotados. Aquí, son ellos quienes no están en la edad.

La publicidad nos retrata en vídeos de boda. Se ha instalado la creencia de que el dios del éxito speak english, y en las ceremonias se reza en inglés y en inglés se dictan las amonestaciones.

#erre que erre

Las 840 repeticiones canónicas del mismo motivo en Vexations, los mantras, las letanías, los bailes de peonza y los juegos de niños tienen un elemento en común: son creativos, predisponen al aprendizaje. Las inserciones publicitarias persiguen un objetivo bien distinto, tratan de embaucarnos ofreciéndonos una experiencia estética, una oportunidad de mejora o de trascendencia a un nivel superior, cuando no un recreo infantil, y el infantil deseo de apetecer lo nuevo. Cada campaña se estudia minuciosamente. Los estrategas de la mercadotecnia deciden dónde salirnos al paso y cuántas veces han de atizarnos el impacto antes de que caigamos rendidos. La publicidad nos retrata en vídeos de boda. Se ha instalado la creencia de que el dios del éxito speak english, y en las ceremonias se reza en inglés y en inglés se dictan las amonestaciones. La feligresía de adoradores y beatas pronuncia amén anteponiendo una almohadilla a ésta y a toda otra fórmula del culto (#love; #happy_day; #home_sweet_home). Mis tías las melgas, que bordaban mantelitos de merienda en la Sección Femenina, nunca entendieron esa cualidad abstracta de la almohadilla que utilizaban en los reclinatorios de San Benito.

Campaña Lengua madre solo hay una realizada por Grey para la Real Academia Española (RAE) en el año 2016

La fascinación anglofarsante

La publicidad es reiterativa y recreativa por necesidad; re-creativa, porque remeda creaciones de quienes verdaderamente crearon algo en sus respectivas disciplinas artísticas. Toda recreación publicitaria convierte las figuras que profana en cerditos hucha. Triunfa el anuncio que se pone de moda, suben las ventas, la imagen de marca engrosa el imaginario popular, el lema se repite como hallazgo feliz. Entre todos, los triunfos publicitarios más mortíferos son aquellos que recogen del lenguaje pedestre esos «éxitos» expresivos que ni el niño más contumaz habría repetido tanto, pues haciéndolo hubiera agotado la infancia. ¿Qué mal le ha hecho a la Humanidad la palabra «diario» para haber sido borrada de la lengua por el insufrible «día a día»? No me extrañaría que esta «especie invasora» provenga de una traducción literal de la inglesa day to day introducida por algún anglofarsante que se anuncia en Linkedin como Copywriter and Community Manager, pese a utilizar el traductor de Google a destajo.

Sí, amigos, la fascinación anglofarsante y las traducciones desautorizadas de textos técnicos, burocráticos, resúmenes de prensa, etc, en inglés están detrás de un aluvión de fealdades léxicas que hieren el oído y ofuscan la creatividad de quienes tratamos con mimo la lengua castellana. Quienes las perpetran, me consta, creen hacer con ello un ejercicio de vanguardismo, se postulan creativos por utilizar los términos jeroglíficos que traen aparejados determinadas innovaciones de la maquinaria USA (hastag, podcast, startup, gadget, biopic, trailer, spoiler, shooting, outfit) y entran en competencia por ver quién incorpora en la red social lo último de lo último. Entre el repertorio de voces castellanizadas, no equivalentes, a causa de la pobreza lexical de los traslators tenemos perlas de Majórica como estas: precuela, secuela, usabilidad, visibilidad, visibilizar, prototipar, oscarizar, empoderar, implementar, customizar, demonizar…, y todo en -ad y en -ar que, como sabemos quienes sacamos provecho de las clases de Lengua y Literatura en el instituto, constituyen terminaciones de rima chabacana.

¿Qué mal le ha hecho a la Humanidad la palabra «diario» para haber sido borrada de la lengua por el insufrible «día a día»?

La cabezuda dicta y la Tía Melitona se lo traga todo (Gif: A Desmano)

El bilingüismo en la enseñanza

Yo no sé si la culpa la tiene el inglés con traje de explorador, la gala de los Óscar, el mal oído, el complejo de inferioridad o todo junto con una pizca de tontería. Aunque el castellano sea el segundo idioma más hablado en el mundo después del chino mandarín, nadie pone en duda que el inglés es el la principal lengua vehicular. Es útil y conveniente conocerla, pero el provecho que de ella pueda obtenerse depende del equipaje que podamos cargar en el vehículo. El proyecto de enseñanza bilingüe en la escuela pública que la señora Esperanza Aguirre implantó (¿Se dan cuenta? No hace falta implementar todo el rato; se puede implantar, aplicar, establecer, desarrollar) en la comunidad de Madrid a partir de 2004, extendido posteriormente a otras autonomías españolas, ha sido puesto en solfa por miembros del profesorado a título individual y por agrupaciones pedagógicas como Acción Educativa, cuyo informe sobre educación bilingüe pongo a disposición de quien quiera profundizar en el tema a través del siguiente enlace: El Programa Bilingüe a examen.

Los resultados obtenidos a lo largo de todos estos años demuestran que el período de educación infantil no es el adecuado para iniciar un programa de estas características; que la impartición de asignaturas del currículum como Conocimiento del Medio (Ciencias Naturales, Historia, Geografía) exclusivamente en inglés perjudica el aprendizaje de las materias en cuestión; que los niños que reciben apoyo de sus padres, sea porque conocen el idioma, sea porque pueden proporcionarles clases particulares, adquieren una posición de ventaja sobre los que no lo tienen; que esta circunstancia da lugar a que los estudiantes que no pueden seguir el ritmo de las clases en inglés sean segregados y que, finalmente, se estén dedicando recursos públicos extraordinarios para favorecer a una élite.

El proyecto de enseñanza bilingüe en la escuela pública que la señora Esperanza Aguirre implantó en la comunidad de Madrid a partir de 2004, extendido posteriormente a otras autonomías españolas, ha sido puesto en solfa por miembros del profesorado a título individual y por agrupaciones pedagógicas

Maquillaje de inglés

Esta fiebre del bilingüismo escolar fue acogida con entusiasmo por las familias que, ajenas a disquisiciones pedagógicas, pensaban que todo lo que se hiciera porque sus hijos acabaran la escolaridad hablando inglés como para poder emigrar a cualquier otro país con oportunidades de progreso estaría bien hecho. Probablemente, este objetivo se haya conseguido e, incluso, con un poco de suerte, no necesiten emigrar y su poca cultura general y su regular inglés les sirva para colocarse en algún establecimiento de hostelería ribereño. El clima creado por esta ola de inglés intensivo en la educación pública ha favorecido y está favoreciendo una tendencia de bilingüismo cosmético social aplaudidora del anglicismo en el mundo de la moda, en las redes sociales, en la publicidad, en la nomenclatura de los puestos laborales y hasta en los eventos y certámenes de ámbito interior, como si por hacer un #meetyou Valladolid con workshop y tal de teatro y danza entre cuatro de pucela, dos de Ávila, uno de Zamora, dos de Madrid y otro de Barcelona; o por llamar a la semana de la moda madrileña Madrid Fashion Week, fuéramos a salir en los informativos de la CNN. A esto lo llamo yo catetada y no a la apresa del cochino ensebado de las fiestas del Puerto Viejo.

Da pena que un país que ha conocido edades de oro lleve más de cincuenta años envejeciendo en la edad del loro. ¡Y qué manera de desafinar la de este bicho, y de visibilizar, implementar, y prototipar, y emponderar, y oscarizar, el jodío! Otro día hablaremos del Sí o sí, del De cara a y del Pistoletazo de salida, como no puede ser de otra manera.

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